Un héroe sin capa


Gustavo Moyano, actualmente arquero de Argentino Peñarol, es conocido por defender los tres palos de varios clubes de la Liga Cordobesa en los últimos años. Hoy hablamos con él, pero en esta oportunidad el protagonismo de la charla no lo tuvo el fútbol, sino las acciones solidarias que lleva adelante Tenaza. Acciones por las cuales también lo conocemos y quisimos saber más detalles de este héroe sin capa.

Hace ya 8 años que Gustavo organiza, junto con su familia y un grupo de vecinos, una juntada solidaria cada agosto, para el día del niño. Todo esto surgió cuando su mamá tenía un comedor y hacía una movida similar, pero después tuvo que cerrar ese comedor. “Habían pasado ya unos años y pensé en hacer lo del día del niño. Empezamos a pedir a gente conocida una golosina, un juguete usado, lo que fuese servía”.


Pero la historia no termina en el día del niño, ya que su vocación se mantiene todo el año, ayudando a quienes lo necesitan. Recientemente, en una publicación en redes sociales, el arquero pedía ayuda para un matrimonio vecino: “Llegué a ellos porque vi la publicación de Arturo Peralta. Ahí nomás le escribí para saber de donde era la señora y da la casualidad que era a unas cuadras de mi casa, así fui al almacén de una vecina y le compré algunas cosas para llevarle”.

En esta oportunidad Tenaza publicó el caso para poder trascender y con el sólo propósito de hacer más grande la mano solidaria para esta gente, pero no siempre es así. “Yo vengo de una familia muy humilde donde muchas veces nos fuimos a dormir sin comer y la verdad es que hago mucho más que no sale en las redes, y lo que hago circular no es para mostrarme ni buscar fama, lo hago buscando ayuda para poder seguir ayudando”.


La realidad que vivimos hoy, y que nos afecta a todos, sin duda provoca un incremento en las necesidades cotidianas de la sociedad: “Está más complicada la cosa, no se puede salir y se hace más duro y son más grandes los grupos de familias necesitadas. No les entra un peso porque viven de los cartones y chatarra, ese es su trabajo, su entrada y al no poder salir no pueden trabajar”.

Ante todas estas cuestiones y acciones solidarias, Tenaza gana mucho más de lo que parece y recibe su recompensa: “No se puede describir la felicidad que uno siente al verle la sonrisa a cada uno de los chicos, a sus papás, al vecino. Eso describe todo y uno se puede ir a descansar feliz”.