EN BUSCA DE LA FELICIDAD


Leandro Oviedo debutó, se ganó un lugar y hasta marcó un gol decisivo para darle un título a Peñarol. Pero tuvo que alejarse de las canchas. Su vida hoy está al lado del crecimiento de su hijo Camilo.

El Zurdo Oviedo quiere. Y sabe que puede volver a jugar. Pero no la tiene fácil. Nunca la tuvo fácil. Pero la rema. Y se exige, como lo hacía con la 11 tatuada al lomo. 

A esta altura (2018, año importante para cualquier futbolero), se veía jugando en el exterior. Como Rigoni, su compañero en Belgrano. Pero no pudo ser. Para el, hoy ver felíz a su hijo es como un título mundial en Rusia. "Mi cabeza es intermitente. Sergio Allende me sabía aconsejar que vaya a un psicólogo y nunca le hice caso".

Se fue a probar a Argentino Peñarol y desde ese día se convirtió en jugador e hincha, como les pasa a tantos otros. Allí hizo el proceso formativo, jugó en el viejo Argentino C y en el Federal B. Además marcó el gol (golazo) decisivo ante Talleres para darle el campeonato anual a la Peña en la Liga. Y después desapareció del mapa futbolístico. 


Dice, repite y se jura que quiere volver a ponerse los cortos. Apenas tiene 24 años y un millón de centros perfectos al área por tirar.

En 2013 su vida cambió al conocer a Marianela, la mamá de su hijo Camilo. Hoy no están en pareja, pero Leandro sólo tiene palabras buenas para ella. Algo que favorece a que Camilo crezca feliz, según cuenta el protagonista. Cuando se enteraron de la llegada del nuevo integrante, empezó a trabajar en el rubro de la limpieza, gracias a las gestiones de Soelsac. Un tiempo después tomó una decisión de la que hoy se arrepiente.

"Apareció una oportunidad de cambiar de laburo y tuve una mala visión y cometí el error por el cual hace 3 años no juego. Dejé la limpieza y me fui a vender planes de autos. En 3 semanas no tuve ni un cliente. Mientras el alquiler seguía corriendo. Yo sin un sueldo fijo. Mari se hizo cargo y se puso la familia al hombro", cuenta a modo de resumen. Se sentía mal y creía había fallado. Llegó a dormir en la calle.

Luego de esa mala experiencia, y con una familia a cuestas, hizo de todo. Fue guardia de seguridad a la noche, hizo delivery, fue cajero, cajero y delivery al mismo tiempo. Hasta que El Templo del Fútbol le dio esa estabilidad laboral que necesitaba. Pero en ese lugar tan particular, todo el tiempo circulan jugadores haciendo sus compras para los distintos torneos. Y las ganas de volver se recrudecen. Por ahora es difícil. Los horarios comerciales no se lo permiten.


"Todos los días trato de ser un mejor padre. Hoy ya salí un poco de mis deudas y tengo mis cosas. Aprendí a cocinar. Con mucha ayuda de gente a la que aprendí a valorar. Mi amiga Florencia me apoyó mucho. Hoy creo que el sueño de jugar se terminó, aunque no pierdo las ilusiones de entrar a una cancha con Camilo".

Ojalá se le dé. Por Camilo. Por sus ganas. Para comprarse/venderse sus propios botines. Y para ver el mundial con Camilo, pero sintiéndose jugador. Cuando pueda entrar a la cancha de la mano de su persona favorita, habrá encontrado la felicidad completa.

Trayectoria:
Argentino Peñarol 2001/05 - 2013/15
Belgrano 2005-2011
Quirquinchos Verdes 2012